Ahorra y sé feliz – Tomás Pulido Galán

Normalmente entendemos por trabajo el empleo de nuestro tiempo en actividades que nos reportan una remuneración. Un día tiene 24 horas, de las que al menos la mitad las consumimos en tareas de mantenimiento (dormir, comer, asearnos y realizar las tareas domésticas), si al resto le descontamos las horas empleadas en el trabajo incluyendo el desplazamiento ¿realmente qué nos queda para disfrutar de la vida?

Cada día veo gente que está perdiendo su salud, en empleos que no les gustan pero les permiten tener un coche más grande que el de su vecino. Ahogados por la hipoteca de una casa que estaba por encima de sus posibilidades. O haciendo horas extra para poder pagar algún capricho que calme la ansiedad que ese mismo estilo de vida les produce.

¿Merece la pena vivir así? Lanzo esta pregunta al aire y que cada cual encuentre su propia respuesta sopesando lo que es más importante para él. Está claro que ni todos los trabajos son iguales ni todas las personas tenemos la misma actitud ante el dinero. Me refiero a una situación concreta, que es mayoritaria en la vida de muchos españoles.

La felicidad no se encuentra engordando nuestro ego, alardeando de un cierto estatus y patrimonio que suele ser sólo fachada. Ni en seguir una vida zombi donde la sociedad dicta la última moda estúpida que debes seguir y la TV aquello que debes comprar.

La felicidad se encuentra en dormir tranquilo porque no se tienen deudas. En no tener la necesidad de presumir de riquezas. En tener un colchón económico que nos permita afrontar imprevistos. En distinguir lo verdaderamente necesario y descartar lo prescindible. En tener tiempo para disfrutar de la vida. Y en trabajar en aquello que verdaderamente te entusiasma e ilusiona.